martes, 17 de diciembre de 2013

Desde que tengo recuerdos, bueno, un poco después, seamos sinceros con nosotros mismos, desde que tengo uso de lectura, siempre me han gustado las novelas de aventuras. Esos intrépidos protagonistas que desarrollan todo su talento físico y mental al tiempo que se sobreponen a todas las adversidades y circunstancias que la vida y el tiempo les depara, fueron los héroes de la niñez y adolescencia. En la juventud, se tratan otros temas más convulsos a la par que en los estudios te vuelves más crítico con absolutamente todo lo que te hacen aprender o memorizar. Esa sana crítica y esa duda acerca de absolutamente todo lo que te dice los profesores se hace más patente si cabe en la historia. Siempre me ha llamado la atención desde entonces, que la historia es una sucesión de guerras sin ningún enlace entre una y otra y parece que aparte de los reyes e imperios, la historia está vacua de toda conexión dentro de la sociedad, que únicamente las personas destacadas por aristocracia o realeza junto a algunos personajes políticos son la historia. Siempre se ha dejado atrás la participación de la sociedad (salvo quizá en la revolución francesa o la rusa donde se dejaban algunas notas). Esas guerras parecían tal y como las explicaban antaño en mis años estudiantiles como esas novelas de aventuras, donde luchaban unos contra otros los soldados de ambas partes mientras los dirigentes se atrincheraban detrás de esas mismas tropas o, pero aún, en sus cómodas residencias desde donde dirigían sin ningún tipo de consideración a los soldados. Actualmente ya no tenemos esas guerras sucias de luchas cuerpo a cuerpo salvo en ciertos países a los que mal denominamos países del tercer mundo. Nosotros, los países del primer mundo, donde por un ordinal nos consideramos mejores que ellos y mucho más desarrollados, hacemos las invasiones de otra forma. Por ejemplo, Alemania está invadiendo gran parte de Europa formando algo parecido al cuarto reich económico, mediante unos controles que ahogan a la población y controlan a los países. Entre esos países invadidos estamos nosotros, quienes mantenemos aún que pertenecemos a ese primer mundo, y como antaño en las guerras de toda la vida, esa invasión se materializa en muertes, hambruna, dificultades en el trabajo ya sea mediante disminución del poder económico o mediante la ausencia de ese precepto constitucional que ampara el derecho al trabajo, como también lo hace a una vivienda digna. Sí, esa es la forma de invasión cualificada en el primer mundo, la económica y financiera y tiene los mismos resultados que una invasión o una guerra como las que se han dado en Europa y en el mundo a lo largo de la historia, pero eso sí, mucho más sofisticada y sin que nos enteremos.
Por cierto, me gustaría saber qué países pertenecen al segundo mundo, porque lo que tengo claro es que dada la sociedad actual que tenemos, sin poder económico, excepto los privilegiados infiltrados y que favorecen la invasión (como los de antaño), sin casas muchos de ellos por los desahucios, con un aumento de los suicidios por motivos económicos ( y negar la evidencia sólo aplaza la información de los hechos), la destrucción del empleo y la precariedad social como pandemia, sólo puedo decir que pertenecemos a ese tercer mundo. Se ha suprimido el segundo mundo al igual que se está suprimiendo la denominada clase media.
buenas noches y espero que esta disertación catastrofista no sea motivo de estudio dentro la historia en generaciones futuras


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